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Devocional Bethel

DEVOCIONAL

Bethel IBB México | 28 de abril de 2026
Devocional
"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por eso el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él."
1 Juan 3:1 RVA

"Mirad cuál amor nos ha dado el Padre"

En este día, el apóstol Juan nos invita a detenernos y contemplar algo que fácilmente damos por sentado: el amor inigualable del Padre. No es un amor cualquiera, no es un afecto superficial ni una buena intención. Es un amor que nos cambia la identidad por completo. De ser extraños, enemigos o simples criaturas, pasamos a ser llamados "hijos de Dios". Y eso, aunque el mundo no lo entienda, es nuestra más grande realidad.

1. "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre"
Juan nos dice "mirad", es decir, pone el amor de Dios delante de nosotros para que lo examinemos, lo admiremos y nos maravillemos. No es un amor que haya que merecer, sino un amor que se nos ha "dado" como regalo. La palabra griega usada aquí implica un amor activo, no solo un sentimiento. Dios no solo sintió amor por nosotros; lo demostró al enviar a Su Hijo para adoptarnos como hijos (Gálatas 4:5). Este amor es tan profundo que no depende de nuestra belleza espiritual, inteligencia o méritos. Depende únicamente de quién es Él: un Padre de amor inagotable.

2. "Para que seamos llamados hijos de Dios"
El propósito de ese amor es transformador: cambiar nuestra identidad. No somos simplemente "criaturas de Dios" o "siervos de Dios". Somos hijos. Eso significa herencia, intimidad, acceso libre al Padre, disciplina de amor y un lugar eterno en Su familia. El pecado nos había dejado huérfanos, pero la cruz nos devolvió a casa. Ahora, cuando oramos, no nos dirigimos a un Juez distante, sino a "Abba, Padre". La pregunta no es "¿qué he hecho yo?", sino "¿qué ha hecho Él por mí?". Y la respuesta es: todo.

3. "Por eso el mundo no nos conoce"
Si te sientes incomprendido, rechazado o fuera de lugar en este mundo, hay una razón: el mundo no conoce al Padre, y por eso tampoco puede entender a Sus hijos. Los valores del Reino (humildad, perdón, generosidad, pureza) son absurdos para una lógica que solo entiende poder, orgullo y acumulación. No te sorprendas si tu fe es motivo de burla o si tu decencia es vista como debilidad. Tú llevas una marca que el mundo no puede ver: eres hijo del Rey. Y esa identidad no se negocia ni se oculta.

Aplicación práctica para hoy:
Hoy, 28 de abril, haz un ejercicio sencillo pero profundo. Consigue un espejo y mírate en él durante un minuto. Mientras te miras, di en voz alta: "Soy hijo/a de Dios. El Padre me ama con un amor inigualable". No importa si sientes o no sientes algo; hazlo por fe. Luego, escribe en un papel tres áreas de tu vida donde te has sentido "incomprendido" por los que no conocen a Dios (familia, trabajo, escuela). Al lado de cada una, escribe: "Ellos no me conocen porque no conocen a mi Padre, pero yo sé quién soy". Finalmente, toma una decisión consciente de vivir hoy sin buscar la aprobación del mundo, sino descansando en la aprobación que ya recibiste de tu Padre.

MI ORACIÓN DE HOY
"en este 28 de abril me detengo para contemplar el amor inmenso que me has dado. No lo merezco, no puedo pagarlo y muchas veces no lo comprendo. Pero hoy lo recibo con gratitud: soy llamado hijo de Dios. Gracias porque no soy un extraño en Tu casa, ni un sirviente lejano, sino un hijo amado. Perdona las veces que he buscado la aceptación del mundo y he olvidado que ya tengo la Tuya. Ayúdame a vivir hoy con la seguridad de que soy parte de Tu familia. Que mi identidad no dependa de lo que otros digan de mí, sino de lo que Tú has dicho."